El día se estaba derritiendo y toda la gente se estaba secando con la ciudad. Yo estaba en mi departamento y me encontraba ansioso, con penas arruinándome la soledad. Fui por un par de frutas al mercado. Siempre las frutas me han parecido buenas para el ánimo, sus colores y sus sabores tienen algo exclusivo y saber que su naturaleza es digna del consumo hace de ellas un buen antidepresivo. Una buena ensalada de fruta en el estomago… pero para mi suerte no cambio nada. Ninguna fruta fue capaz de calmar la ansiedad dominante. Al rato lo mismo de hace días.
Los últimos meses habían sido oscuros. No de los más terribles, pero bastante duros e incómodos. Me sentía mal conmigo mismo, desconforme, superado por la sucia sociedad y sus jerarquías y burocracias y teatralidades y creencias y valores. No entendía muy bien las cosas y las borracheras, drogas y mujeres habían desaparecido de mi vida. Era tal vez yo el que me alejaba de todo pero no lo sabia muy bien, me parecía todo muy confuso como estar entre una niebla espesa en una noche de mierda que se mastica una y otra vez hasta el punto en que pierde el gusto y ya no tiene sentido seguir masticando y bienvenido aburrimiento ya no hay nada que hacer y ya no sabia lo que supuestamente debía hacer si es que de eso se tratase todo lo que llaman existir o sobrevivir o vivir o lo que sea- me gusta mas el silencio, pero esos días ni el silencio me quería, mas me odiaba... con sus arrastres haciendo crujidos bajo la pared del craneo y produciendo lamentos lunares en noches de cansancio e insomnio. No servia para visitar a nadie, la gente me estaba empezando a dar asco y por algún motivo empecé a sentir peligroso el hecho de estar rodeado de mentes tan frágiles como la mía, de seres humanos tan jodidos, con tantas preguntas, poco que hacer, mucho que hacer, y tanta ambivalencia metida entre medio de todo el ser. No podía confiar en mí, no podía confiar en ellos. Me estaba yendo al suelo, cayendo por un agujero que bien conocía, sabia que era peligroso, lo sabia, tenia el aroma familiar de hace años. Yo te había visto hijo de puta -le decía- me vienes a buscar igual que antes, igual que siempre, y te iras, y así mismo volverás a buscarme para volver a cagarte en mi. Me sentí amado por el vacío, fue una sensación idiota y sin sentido. El abandono social, toda la gente esta loca, todos se buscan de alguna forma torpe o inteligente, de manera instintiva para presionar su fragilidad con la de otro hasta trizar el vidrio que nos separa para fusionar toda las curvas y los ruidos que habitan en nuestro aire con el fin de sentirnos acompañados en el mas puro caos del andar. Demasiado absurdo. -El abandono- dios se fue de copas y de coma.
Así seguían los días. En las noches el pensamiento era como una bala que no frenaba e intentar detenerlo lo aceleraba el doble. Era mejor reconocer que estabas en la mismísima mierda, aunque fuera una mierda ilusoria, mierda al fin y al cabo. -Una vez un buen tipo con buenas intenciones tratando de aliviar mi condición me dijo ante mi evidente insomnio que pensara en una palabra una y otra vez y así de pronto caería dormido sin darme cuenta. Lo intente varias veces hasta que note que el bastardo me había estado mintiendo, o que a el le habían estado mintiendo, o que a el que le había dicho eso le habían estado mintiendo. Que atrosidad mas grande, el pensamiento no paraba nunca y me estaba asustando hasta hacerme temblar. Me ha salvado la música, la gran radio. Me ha costado encontrar la emisora mágica, la emisora del sueño, la que te lleva al universo y te devuelve en una nube, la de la música clásica. El resto era un bodrio de cumbias y sonidos demasiado alegres. No necesito música de circo estas noches-pensaba, estas noches necesito música clásica, música de funeral, estos meses me estoy muriendo- déjenme morir en paz. Era idiota catalogar a la cumbia como música circense y la clásica como fúnebre, pero fue un pensamiento rápido, esos días todo estaba perdiendo peso.
Bueno, la tarde, la tarde se estaba derritiendo, y toda la gente se estaba secando con la ciudad. Y las frutas antidepresivas no dieron resultado. Me dio por salir a la calle. Tome mi cámara fotográfica y mi bicicleta. Hace cuanto que no andaba en bicicleta? – pedaleé por todas partes, recorrí las calles donde están esas casas y edificaciones con aromas viejos a sastres y zapateros y polvos rojizos y gatos y perros sucios, y algunas plazas con árboles raros y bancas abandonadas en donde solo quedaron nombres tallados a cortaplumas. Fui al bar Lobos por un trago y me entretuve conversando con el barman que siempre te pone la buena cara y responde a todas tus huevadas aunque no quiera pero lo hace para hacer algo y como yo no estaba haciendo nada, que mas da, hablemos entre dos almas desabridas por un momento, tomemosnos de las manos en esta ironica experiencia. Ya me iba sintiendo un poquito mejor, y saliendo del bar desencadene mi bicicleta para ir donde Fernández a comprar tabaco rubio.
La tarde estaba hirviendo como pocas veces y el sudor impregno la ropa a mi cuerpo haciéndome sentir un cerdo sucio y maloliente. Pase por casa después de comprar el tabaco, me duche y deje la bicicleta allí. Al salir, me entretuve en la calle sacando fotos de la basura, me sentía como un detective de la mierda, me pareció interesante ese hecho “detective de la mierda” “la historia de la basura”, no eran ideas muy profundas, eso las hacia mas interesantes y menos estructuradas, me gusta el sabor de las cosas desparramadas. Me entristecí con el envoltorio -rosado y blanco- de un helado pegado al suelo con la mitad del mismo helado en su interior a medio derretir. Seguramente el pendejo menso lo había dejado caer hace no mas de cinco minutos- me lo imagine mórbido y pecoso. Ya era un detective de basuras, uno penca y chanta.
Me fui sintiendo mejor esa tarde con mis fotografías. No fueron las únicas cosas que fotografíe- las fotos valían mierda, y en las fotos salían mierdas y como fotógrafo soy una mierda, pero entre medio de todo había algo interesante, tenia la esperanza de que en algún punto serviría de algo archivar todo eso. Me fui a la plaza, a una de las tantas de los árboles raros a enrolar tabaco y meditar y sentirme un poco mejor, un poco mas relleno, ya mas fuerte para enfrentar todo este infierno. Hoy fui un detective de basuras, tal vez así es como la gente sobrevive, imaginando entre sus cráneos que son grandes cosas- gracioso pensar, elegí ser detective de basuras.
Me fui sintiendo mejor esa tarde con mis fotografías. No fueron las únicas cosas que fotografíe- las fotos valían mierda, y en las fotos salían mierdas y como fotógrafo soy una mierda, pero entre medio de todo había algo interesante, tenia la esperanza de que en algún punto serviría de algo archivar todo eso. Me fui a la plaza, a una de las tantas de los árboles raros a enrolar tabaco y meditar y sentirme un poco mejor, un poco mas relleno, ya mas fuerte para enfrentar todo este infierno. Hoy fui un detective de basuras, tal vez así es como la gente sobrevive, imaginando entre sus cráneos que son grandes cosas- gracioso pensar, elegí ser detective de basuras.
Seguí en la plaza fumando de mi tabaco acompañado de dos perros sucios y las ideas se fueron elevando como globos con helio. Sabia que eso no duraría por siempre y supe que mi cabeza en unos cuantos días volvería a irse a la mierda nuevamente, y es que yo no fui hecho para disfrutar de estas cosas por mucho tiempo- pensé. Y los perros ladraban. Se hizo de noche. Mas tarde me fui a casa a llamar por teléfono, y todo volvió a ser más pasable.
A fin de año lo entendí todo, la puta ciudad se estaba derritiendo y yo estaba adelgazando.
A fin de año lo entendí todo, la puta ciudad se estaba derritiendo y yo estaba adelgazando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario