Me pareció el mundo inofensivo esa tarde, y yo que suelo ser de hueso chueco y torcido. El tono amarillo del sol que bañaba el césped y los árboles así- parecía tan correcto, exacto, y las nubes estirando su blanco hasta ceder ante el inmenso azul, livianas en su sueño sobre el viento que las sostenía para no caer. Parecía que el mundo me anidaba en su panza de madre y que al menos por esa tarde podía comer el aire con la boca del alma. La calma se había hecho tan tangible y la razón me parecía que era tan sencilla como innecesaria, volando como voló ese pájaro sobre nosotros, avanzando a su ritmo sobre la vorágine del mundo, diciéndonos que existe, burlando la gravedad con las plumas de su naturaleza tan próxima e incomprensible.
María parecía no sentir lo mismo, para ella era un momento indistinguible y me daba cierta pena sentir que solo yo no olvidaría esa tarde, que seria esa tarde solo mía.
Estábamos en el cerro con las mochilas a un costado. Agua y frutas. Nos gustaba estar tranquilos. Sentíamos que de esa manera compensábamos todo lo asqueroso. Compensar un mundo que mas que girar parece caer.
Con ella no era necesario hablar demasiado, eramos una pareja que parecía conocerse desde mucho tiempo atrás. Unas pocas palabras bastaban. El resto era kinésica y amor retocado. No nos demandábamos mucho tiempo y no nos preocupábamos por la completa fidelidad del otro. Las cosas eran así, y mejor no pudo ser. Ni moralistas, ni cristianos, ni educados.
Con ella no era necesario hablar demasiado, eramos una pareja que parecía conocerse desde mucho tiempo atrás. Unas pocas palabras bastaban. El resto era kinésica y amor retocado. No nos demandábamos mucho tiempo y no nos preocupábamos por la completa fidelidad del otro. Las cosas eran así, y mejor no pudo ser. Ni moralistas, ni cristianos, ni educados.
María pintaba. Ella decía que sus pinturas eran regalos, por lo cual salia a colgarlas por la ciudad. En algún poste o en los muros para que el universo se encargara de que cayeran en las manos que tenía que caer. Tenia un rollo interesante, aunque a veces la sentía loca y demasiada ensimismada y perdida. Pero no importaba, su locura era honda, una locura que escondía en su sombra, iba con ella para todas partes, eran sus ojos que parecían venir de una realidad sin precedentes, su fantasma, su secreto, su alma.
Ella se quería, no tenia problemas con ella misma a diferencia de mi, que vivo en constantes dualidades. Se quería y decía que el problema era el resto, la pila de carne andante que había hecho del mundo una fábrica de monos frívolos con falta de lengua y piel. Me gustaba como hablaba, y me el arte que tenia al besar.
Ella se quería, no tenia problemas con ella misma a diferencia de mi, que vivo en constantes dualidades. Se quería y decía que el problema era el resto, la pila de carne andante que había hecho del mundo una fábrica de monos frívolos con falta de lengua y piel. Me gustaba como hablaba, y me el arte que tenia al besar.
La tarde estaba exquisita y a medida que avanzaba el tiempo los colores tornaban de amarillos a rojos atravesando un abanico de colores rosas al igual que los atardeceres de dragon ball. María estaba preocupada, la habían pateado del trabajo justo cuando estaba reuniendo dinero para arrendar un taller y comprar materiales, salir a regalar y vender unas cuantas pinturas mas- recuerdo que algo menciono sobre alguien que quería pagar por sus pinturas. Tal vez algún amante de baja autoestima y de bolsillo ancho. Yo la animaba con caricias y malos consejos que terminaban siendo chistes- de alguna forma era mejor así, la hacía reír y soltar sus preocupaciones al menos por un rato. A pesar de que la cualidad horrible de mis consejos me hacían sentir un idiota, me daba la impresión, de que era mejor así.
Fue la mejor tarde de hace mucho, y probablemente el mejor día. Y es que parecía que realmente estaba entendiendo a dios. Dios es una telaraña fina, un sistema que conecta unos puntos con otros desde una existencia atemporal, el universo. Sin conciencia, ni verdad. No se que sucedía exactamente en esos momentos que ocurrían unos tras otros y me hacían sentir palpitante la energía del contexto en el cual estaba sumergido en ese tiempo. Estaba ahí, el paraíso estaba ahí, alguna especie de portal se había abierto y definitivamente era uno de los buenos. Trate de que María sintiera eso también, que atravesara ese portal conmigo, que se estirara en esa dimensión hasta desintegrarse en el olvido. Pero me fue imposible y escuchando a los pájaros con sus cantos intente decírselo como dicen ellos y me puse a silbar torpemente en su oído hasta encontrar la melodía adecuada. Pero ella no lo entendió. Me dijo que era un pendejo y me dio un empujón. Yo sabia que no lo decía enserio, ella no lo podía entender todo, y a lo lejos su carácter me era insoportable y difícil de manejar cuando su alma merodeaba en los confines oscuros de su cráneo.
Antes cuando salíamos por las noches perdíamos el control, no siempre fuimos la pareja ñoña del picnic. Yo a menudo me ponía a pelear con algún bruto- a veces ganaba y otras no A ella le daba por saltar arriba de los autos como si se tratase de un colchón. Éramos personas inestables- a mi me apestaba la mayoría de la gente y a ella nunca le gustaron los metales. La manera en que nos conocimos fue en una noche terrible. Yo estaba en la calle alrededor de las 4 a .m. sentado en el suelo apoyando la espalda en un muro sucio, tenia la nariz rota, la boca rajada, los ojos hinchados y estaba llorando como nunca he llorado- me había ganado una gran paliza. Ese momento fue el peor, me dolía hasta el llorar. Pero no era solo eso, tras la paliza me sentí inútil, desechable, imperceptible y quebrado. Se me iba el sentido, siempre riéndome de lo confuso que me parecían las cosas, quedándome sin amigos y los que me quedaban eran unos idiotas fundidos en sustancias fabricadas en el planeta rojo. Me sentía un rey de idiotas, una rata húmeda tendida en las afueras de un barrio demacrado que se iba cayendo a pedazos. Ensangrentado, llorando, vacío, sucio y envenenado por la mala racha y el buen beber. En ese oportuno momento es cuando apareció María inexpresiva con sus latas de cerveza. Ella salía beber por las calles, no bebía lo suficiente pero le gustaba eso de beber al aire libre como los vagabundos. Me ofreció beber y así fue como empezó todo. Preferiría omitir lo que sucedió después de eso. Pero ella me consoló. Ella supo estar ahí para un tipo que no sabia ni donde estaba.
Tras ese primer contacto, pasado unos días, nos volvimos a ver y le costo reconocer mi rostro deshinchado. Se dio cuenta que no era tan feo, pero que tampoco era un chico lindo. Era otro mas en el punto medio y estaba relleno. Nos fuimos a vagar y las cosas se dieron bien. Me gusto bastante su honestidad y aquella ternura tímida que intentaba ocultar. Seguimos un año destrozando la ciudad hasta que maduramos y tres años después llego la tarde que no esperaba.
Ya para ese entonces habíamos cambiado, seguíamos siendo inestables pero al menos habíamos encontrado la manera de lidiar con las incomodidades que nos espantaban. Éramos más felices –si es que eso realmente existe- y habíamos vencido a un par de demonios corpulentos.
A mi me pareció interesante el hecho de habernos encontrado en nuestras vidas, parecía que el destino realmente existía, y seguido salía a flote el destino cuando dialogábamos sobre nuestro encuentro y desarrollo. Ella con sus latas y yo deforme llorando. El universo nos dio la mano y la supimos agarrar a nuestro modo, el modo que tenia que ser. No éramos tan malos después de todo.
Aquella tarde en el cerro, realmente sucedía algo. Demasiado personal para compartirlo con María por mucho que intente que fuera así. Ni si quiera en pájaro lo pudo entender. La verdad es que ni yo lo entendía al cien, solo me parecía que la vida era sencilla y yo no soy bueno para esos sentimientos sonrientes. Me daba cuenta que volvía a cambiar nuevamente, que me estaba poniendo viejo y eso estaba bien, porque la edad da razón, y estaba aprendiendo a contemplar escenarios apartando al pasado y solo siendo un árbol mas con las raíces a salvo bajo la tierra en donde caí. O al menos, así lo entendí.
María siempre fue superior a mí, ella probablemente ya había pasado por eso-como pintar sin haber pasado por el portal- pensé. Antes de ella yo estaba perdido, o al menos perdido de mala forma, porque siempre he sido un perdido y ella siempre será una perdida y en el día de nuestra muerte estaremos perdidos.
Yo continuaba peleando de vez en cuando, eso no lo cambiaba por nada, me parece totalmente honesto recibir unos cuantos puños y darlos. No me interesa reprimir el instinto de lucha, ese momento perfecto en donde el juego se hace real y el temor y el valor domina los movimientos, y ya cuando todo termina, por unos minutos no hay memoria, no hay nada, existe la calma de haber ganado o la calma de haber perdido, porque perder no esta mal, a veces hay que perder y dejarse caer después de recibir un buen golpe digno de una bella derrota. Si ella pintaba, yo peleaba. Trataba de no hacerme muy bueno en eso, para no dejar de perder.
Yo continuaba peleando de vez en cuando, eso no lo cambiaba por nada, me parece totalmente honesto recibir unos cuantos puños y darlos. No me interesa reprimir el instinto de lucha, ese momento perfecto en donde el juego se hace real y el temor y el valor domina los movimientos, y ya cuando todo termina, por unos minutos no hay memoria, no hay nada, existe la calma de haber ganado o la calma de haber perdido, porque perder no esta mal, a veces hay que perder y dejarse caer después de recibir un buen golpe digno de una bella derrota. Si ella pintaba, yo peleaba. Trataba de no hacerme muy bueno en eso, para no dejar de perder.
Para elegir un contrincante hay que mezclarse entre los tipos enfermos de estrés, a veces los encuentras en los bares con pocos amigos o con ninguno bebiendo hasta que sale el sol, o a veces en la misma calle mirando con desprecio el pavimento y poniéndole mala cara a la polución. Realmente hay arte que nadie ve, que solo alcanza la experiencia del presente. Tengo claro porque he terminado encontrando la preciosidad de la violencia. Vengo de una ciudad descuidada, de malos médicos e hijos no deseados.
Amaba el largo cabello de María que tocaba su cintura y brillaba con las luces. Siempre la imagine dueña del mar, una sirena de largos cabellos. Si supiera pintar la pintaría así, en medio del mar con su cabello revolviendo el azul de un océano inventado. Habíamos sido afortunados. Jamás supe como pudo fijarse en un deforme llorón.
Como será de impredecible todo, que lo que teníamos tuvo que terminar. Fue un momento difícil pero no estaba tan triste, sabia que se acostaba con otros buenos tipos, al igual que yo con malas mujeres. No le costaría olvidarme, eso quería creer.
Cuando todo se fue al derrumbe fue en una noche de octubre. Venia agotado de hablar tonterías en un bar con unos malos tipos pero buenos amigos que encontré por casualidad entre calles que no me eran muy familiares. Iba de regreso a casa y pensaba llamar a María para comer algo juntos. Cuando desde las distancias escuche gritos e insultos irracionales. Era uno de esos idiotas rapados que se entretienen golpeando a maricas y vagabundos. Estaba masacrando con un bate a un pobre vago que si bien no conocía, me era buen tipo- muchos vagabundos son buenos tipos. Desde la vereda de al frente vi como lo pateaba y con el bate luego le golpeaba la espalda sin ninguna piedad. Yo no creo ser un ejemplo, pero tampoco me gusta esa clase de espectáculos sin sentido alguno. Me aproxime sigilosamente hasta estar oculto a metros de ellos detrás de un par de autos, y agachado me fui acercando a el mientras continuaba pateando al pobre vago, y en uno de sus descuidos le arrebate el bate de sus manos y le di con el en su brillante cabeza rapada. Lastima la mía en aplicar demasiada fuerza que le rompí la cabeza, tal y como un niño rompe a una piñata. Ayude al viejo a ponerse de pie y lo lleve al hospital, que para suerte de el no estaba muy lejos. Me dio las gracias, y eso fue la noche. Al otro día hable con María y el suceso la inspiro para pintar. Pasado unos días la policía toca mi puerta. Había una cámara que había grabado todo el suceso. Me fui preso. Me quedan unos cuantos años.
María vino a visitarme por casi un año, hasta que entendió que no era ayuda ni para ella ni para mi vernos de esa manera. Me dijo que a penas saliera, de salir, que la ubicara. Acá logre hacer buenos amigos, fue mucha coincidencia encontrarme con Alejandro dando vueltas por el patio. No me iba mal en las peleas. Después de un tiempo se hicieron menos seguidas, pero no han cesado nunca. A veces peleamos por gusto, por falta de afecto, o por aburrimiento.
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