miércoles, 15 de febrero de 2012

DETECTIVE DE BASURAS


El día se estaba derritiendo y toda la gente se estaba secando con la ciudad. Yo estaba en mi departamento y me encontraba ansioso, con penas arruinándome la soledad. Fui por un par de frutas al mercado. Siempre las frutas me han parecido buenas para el ánimo, sus colores y sus sabores tienen algo exclusivo y saber que su naturaleza es digna del consumo hace de ellas un buen antidepresivo. Una buena ensalada de fruta en el estomago… pero para mi suerte no cambio nada. Ninguna fruta fue capaz de calmar la ansiedad dominante. Al rato lo mismo de hace días.
Los últimos meses habían sido oscuros. No de los más terribles, pero bastante duros e incómodos. Me sentía mal conmigo mismo, desconforme, superado por la sucia sociedad y sus jerarquías y burocracias y teatralidades y creencias y valores. No entendía muy bien las cosas y las borracheras, drogas y mujeres habían desaparecido de mi vida. Era tal vez yo el que me alejaba de todo pero no lo sabia muy bien, me parecía todo muy confuso como estar entre una niebla espesa en una noche de mierda que se mastica una y otra vez hasta el punto en que pierde el gusto y ya no tiene sentido seguir masticando y bienvenido aburrimiento ya no hay nada que hacer y ya no sabia lo que supuestamente debía hacer si es que de eso se tratase todo lo que llaman existir o sobrevivir o vivir o lo que sea- me gusta mas el silencio, pero esos días ni el silencio me quería, mas me odiaba... con sus arrastres haciendo crujidos bajo la pared del craneo y produciendo lamentos lunares en noches de cansancio e insomnio. No servia para visitar a nadie, la gente me estaba empezando a dar asco y por algún motivo empecé a sentir peligroso el hecho de estar rodeado de mentes tan frágiles como la mía, de seres humanos tan jodidos, con tantas preguntas, poco que hacer, mucho que hacer, y tanta ambivalencia metida entre medio de todo el ser. No podía confiar en mí, no podía confiar en ellos. Me estaba yendo al suelo, cayendo por un agujero que bien conocía, sabia que era peligroso, lo sabia, tenia el aroma familiar de hace años. Yo te había visto hijo de puta -le decía- me vienes a buscar igual que antes, igual que siempre, y te iras, y así mismo volverás a buscarme para volver a cagarte en mi. Me sentí amado por el vacío, fue una sensación idiota y sin sentido. El abandono social, toda la gente esta loca, todos se buscan de alguna forma torpe o inteligente, de manera instintiva para presionar su fragilidad con la de otro hasta trizar el vidrio que nos separa para fusionar toda las curvas y los ruidos que habitan en nuestro aire con el fin de sentirnos acompañados en el mas puro caos del andar. Demasiado absurdo. -El abandono- dios se fue de copas y de coma.
Así seguían los días. En las noches el pensamiento era como una bala que no frenaba e intentar detenerlo lo aceleraba el doble. Era mejor reconocer que estabas en la mismísima mierda, aunque fuera una mierda ilusoria, mierda al fin y al cabo. -Una vez un buen tipo con buenas intenciones tratando de aliviar mi condición me dijo ante mi evidente insomnio que pensara en una palabra una y otra vez y así de pronto caería dormido sin darme cuenta. Lo intente varias veces hasta que note que el bastardo me había estado mintiendo, o que a el le habían estado mintiendo, o que a el que le había dicho eso le habían estado mintiendo. Que atrosidad mas grande, el pensamiento no paraba nunca y me estaba asustando hasta hacerme temblar. Me ha salvado la música, la gran radio. Me ha costado encontrar la emisora mágica, la emisora del sueño, la que te lleva al universo y te devuelve en una nube, la de la música clásica. El resto era un bodrio de cumbias y sonidos demasiado alegres. No necesito música de circo estas noches-pensaba, estas noches necesito música clásica, música de funeral, estos meses me estoy muriendo- déjenme morir en paz. Era idiota catalogar a la cumbia como música circense y la clásica como fúnebre, pero fue un pensamiento rápido, esos días todo estaba perdiendo peso.
Bueno, la tarde, la tarde se estaba derritiendo, y toda la gente se estaba secando con la ciudad. Y las frutas antidepresivas no dieron resultado. Me dio por salir a la calle. Tome mi cámara fotográfica y mi bicicleta. Hace cuanto que no andaba en bicicleta? – pedaleé por todas partes, recorrí las calles donde están esas casas y edificaciones con aromas viejos a sastres y zapateros y polvos rojizos y gatos y perros sucios, y algunas plazas con árboles raros y bancas abandonadas en donde solo quedaron nombres tallados a cortaplumas. Fui al bar Lobos por un trago y me entretuve conversando con el barman que siempre te pone la buena cara y responde a todas tus huevadas aunque no quiera pero lo hace para hacer algo y como yo no estaba haciendo nada, que mas da, hablemos entre dos almas desabridas por un momento, tomemosnos de las manos en esta ironica experiencia. Ya me iba sintiendo un poquito mejor, y saliendo del bar desencadene mi bicicleta para ir donde Fernández a comprar tabaco rubio.
La tarde estaba hirviendo como pocas veces y el sudor impregno la ropa a mi cuerpo haciéndome sentir un cerdo sucio y maloliente. Pase por casa después de comprar el tabaco, me duche y deje la bicicleta allí. Al salir, me entretuve en la calle sacando fotos de la basura, me sentía como un detective de la mierda, me pareció interesante ese hecho “detective de la mierda” “la historia de la basura”, no eran ideas muy profundas, eso las hacia mas interesantes y menos estructuradas, me gusta el sabor de las cosas desparramadas. Me entristecí con el envoltorio -rosado y blanco- de un helado pegado al suelo con la mitad del mismo helado en su interior a medio derretir. Seguramente el pendejo menso lo había dejado caer hace no mas de cinco minutos- me lo imagine mórbido y pecoso. Ya era un detective de basuras, uno penca y chanta. 
Me fui sintiendo mejor esa tarde con mis fotografías. No fueron las únicas cosas que fotografíe- las fotos valían mierda, y en las fotos salían mierdas y como fotógrafo soy una mierda, pero entre medio de todo había algo interesante, tenia la esperanza de que en algún punto serviría de algo archivar todo eso. Me fui a la plaza, a una de las tantas de los árboles raros a enrolar tabaco y meditar y sentirme un poco mejor, un poco mas relleno, ya mas fuerte para enfrentar todo este infierno. Hoy fui un detective de basuras, tal vez así es como la gente sobrevive, imaginando entre sus cráneos que son grandes cosas- gracioso pensar, elegí ser detective de basuras. 
Seguí en la plaza fumando de mi tabaco acompañado de dos perros sucios y las ideas se fueron elevando como globos con helio. Sabia que eso no duraría por siempre y supe que mi cabeza en unos cuantos días volvería a irse a la mierda nuevamente, y es que yo no fui hecho para disfrutar de estas cosas por mucho tiempo- pensé. Y los perros ladraban. Se hizo de noche. Mas tarde me fui a casa a llamar por teléfono, y todo volvió a ser más pasable.
A fin de año lo entendí todo, la puta ciudad se estaba derritiendo y yo estaba adelgazando.

martes, 14 de febrero de 2012

AMIGABLE IDIOTA

Hace un par de noches vino un amigo, uno de los viejos. Se presento como siempre, con sus ropas viejas y coloridas con aromas a mafiosos muertos. Vino a debatir la vida y desenredar y enredar sus problemas, los míos, y los que compartimos- básicamente ha revolverlo todo para terminar en exactamente la misma condición, una maldita licuadora, un maldito chiste. Y entonces tras todas las paces, las balas, estacas y palmas abre su billetera y me enseña con cierto orgullo (que pude notar en sus cejas) un papel doblado y sucio con señales de un buen recorrido. Antes de irse "el licuadora" me recomendó entre sus extrañas risas sobreactuadas que leyera el contenido del papel. Yo molesto dije con tono y gesto desinteresado que lo leería dejando el papel sobre la nueva mesa coja (que días antes había recogido de la calle en un estado mucho mas terrible que en el que se encuentra actualmente), digo molesto ya que la conversación en cierto punto se puso bastante infantil y me pareció que mi apreciado amigo se iba tornado en un amigable idiota sonriente de continuas contradicciones desagradables- ya esa simple idea me decía que el texto sabia a culo de cerdo. Después de su retirada me lancé sobre la cama a ver si encontraba alguna película que me distanciara lo suficiente de este mundo aburrido como para poder decirle buenas noches y que dentro de esa noche mi mente pudiera crear un mundo menos aburrido que este y así al menos vivir aunque sea solo por efímera presencia en un universo que gire en torno a otras cosas menos aburridas. Lamentablemente en la televisión de aquella noche no había nada bueno que ver, y lo bueno que había era dolor de estomago y –verdad-, no me faltaba.
El televisor apagado, la luz del velador encendida, regrese al living sin antes ir por una cerveza helada que estaba esperándome sentada en la nevera tomando una siesta en una pose extraña, “pose de lata” pensé, y luego pensé en el gran numero de idioteces que pienso al día. Maldito sillón, es tan cómodo que es imposible sentarse bien, de cualquier manera en la que te sientes el desgraciado te encorva hasta que acabas recostado listo para los brazos de Morfeo, pero yo no podía esa noche conciliar el sueño, era demasiado temprano para mi y el cerebro aun estaba en una motocicleta sobre la carretera de quien sabe que país mental. Maldecido el sillón se quedo sin un cojín que me ha servido de apoya raja para el trasero y la cerveza desangrándose en mi boca lentamente. Que momento de mierda, pero al menos es algo, eso es lo que me digo de esos momentos, al menos es algo, ese breve espacio de libertad, de pausa, de absoluto nada, de yo mismo, de basta tu y tus palabras y esos sueños tan industriales y deseos flojos, al menos aquí yo y esta cerveza soy dios de este momento que se mece en estos muros en donde se encierra mi vida que después de todo, aunque no me agrade, no esta mal. Y en esa infinidad de cosas, de abismos blancos, silencios amarillos, planetas rojos, marcianos asesinos, y tristes seres humanos, de pronto sobre la mesa comenzó a vibrar -el papel doblado- que no podía apartar de mis ojos por mucho tiempo, era el texto del amigable idiota que por mas que mis ojos intentaban evitar su maldita estupita presencia seguía allí llamándome moviendo lentamente su largo dedo índice como diciendo; ven, ven a mi, ábreme, como puedes juzgarme tú, ser de ridícula temporalidad, ven y léeme pequeño cobarducho! AHORA!. No pude evitar la sorpresa… mis parpados se abrieron como hocico cantor al ver que el titulo del texto decía “ EL IDIOTA”, tal coincidencia me brindo una risotada que me hizo hasta escupir cerveza sobre el papel, fue un momento –pá raro- como diría el amigable idiota. Leí el texto, no era tan mierda, estaba bueno, y disfrute un par de cigarros pensando en la honestidad del autor al escribirlo, realmente era un idiota bien sincero y se entretenía en describir lo que allí estaba plasmado con cierto morbo y sarcasmo-un idiota inteligente?, que bichos mas raros, y lo peor es que me he sentido identificado con el puto texto- aquella identificación me dio un toque de rabia que me duro hasta el amanecer, me ha revelado lo pequeño que se hace mi cerebro con el paso del tiempo y se me vino la imagen de una bomba atómica.
El idiota me recomendó el texto, el idiota?